Adiós Abuelito Neto…

Hace 26 años que te conozco, probablemente no recuerde la primera vez que abrí mis ojos y te ví, o tampoco recuerde cuando te dí el primer abrazo o el primer beso. Pero recuerdo otras cosas, cosas importantes que estarán siempre en mi memoria, en mi corazón, experiencias que en cierta parte formaron a la persona que soy ahora.

Recuerdo cuando me llevabas a ver los aviones aterrizar al aeropuerto, o cuando me llevabas al bosque a ver a los animalitos, en especial los patitos. Recuerdo cuando te veía bajar del camión con tu gran beliz café, y que mi hermana y yo corríamos a abrazarte. Recuerdo también aquel día cuando me enseñaste a jugar Cartas, era increíble ver como siempre ganabas, eras un maestro del juego. El cantar de tus cartas de lotería era único, así como las tardes y noches de dominó en familia. Te recuerdo también con tus botas de jardinero, aquellas botas negras que me ponía para parecerme a ti, aunque me quedaran enormes.

Cuando vi por primera vez un Autodefinido, se me hizo imposible poder resolverlo; pero era asombroso ver como lo resolvías tan rápido, como si fuera un juego de niños. Y nunca olvidaré aquellas anécdotas de tus días de cacería, de tus años mozos trabajando como ferrocarrilero, de cuando ganabas en las ferias del pueblo todas las partidas de lotería y juegos de azar, ni tus canciones, recitales o poemas; tus trucos de magia, y porque no los chistes que contabas. El “Ay mamachita” y todas las expresiones que te caracterizaban. Aquellos días cuando veías los documentales sobre animales, y después de un rato te quedabas dormido, momento que aprovechaba para peinar tu cabello, aquel cabello que fue tornándose blanco con el pasar de los años.

Recuerdo tu rostro cuando toda la familia se reunía en Navidad, todas tus nietas y tus tres hijos. Cuando visitabas a tus hermanos, el cariño y afecto con el que los abrazabas. Las mil y un anécdotas que nos contaba mi tío Franco y tío Gustavo. La tranquilidad que te invadía cuando regresabas a casa de tus padres, casa donde creciste y donde comenzaste a crear todas esas magníficas historias que nos relatabas día tras día.

Por todo y por cada uno de estos momentos, te estoy muy agradecida, y espero que hayas partido a otro mundo tranquilo y lleno de recuerdos felices que creaste con todas las personas que tuviste contacto. Porque dejaste huella, no solo en la familia, sino en todas aquellas personas que te conocieron.

No sabes lo mucho que te voy a extrañar Abuelito.

Descanse en Paz, Don Ernesto Ramos Laguna.

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